Al cumplir su primer año La Orquesta Sinfónica Cibeles,se ha consolidado como un símbolo de perseverancia

La Orquesta Sinfónica Cibeles, bajo la dirección de Sara de Vega Fernández, se ha consolidado como un símbolo de perseverancia al cumplir su primer año, demostrando que el talento y la determinación artística no conocen fronteras.

Lo que nació como una respuesta de un grupo de mujeres —muchas de ellas llegadas de distintos lugares especialmente de Venezuela donde se formaron en la excelencia del Sistema Nacional de Orquestas Madrid—, ha florecido en un proyecto que transforma la incertidumbre del migrante en una sólida realidad cultural.

La agrupación, que celebró este aniversario el pasado 6 de junio en el Centro Cultural La Vaguada con su concierto Mujeres que vibran en libertad, ha logrado convertir a la música en un refugio contra la adversidad. La fundadora y productora, Yaneth Hurtado Quintero, enfatiza que este primer año ha estado marcado por retos logísticos y la persistente barrera que supone para muchos músicos venezolanos la homologación de sus credenciales académicas, a pesar de contar con una trayectoria de alto nivel.

​En este camino de crecimiento, la orquesta ha contado con el apoyo invaluable de Chepita Gómez de Gill, quien ha sido un pilar fundamental en el desarrollo y la proyección de sus actividades.

​Adoptar el nombre de la diosa Cibeles —figura madrileña asociada al principio creador y al acogimiento— ha sido más que una elección estética; es el reflejo de una identidad que busca tender puentes. Al finalizar su primer año, la orquesta no solo celebra los aplausos recibidos en el escenario, sino el haber demostrado que, incluso ante la necesidad de reconstruirse en un nuevo entorno, la música sigue siendo la herramienta más poderosa para abrir caminos donde otros solo ven límites.